Como último show para cerrar la Semana de la Moda de París, Nicolas Ghesquière trasladó un circuito de carreras hasta la Ciudadela del Museo del Louvre. Sobre la pasarela que recorría el Cour Carrée flotaban coches sin ventanas, que parecían sacados directamente de una sci-fi de los años 70. Una escena del retrofuturismo que anticipaba lo que estaba por venir.
Louis Vuitton, primavera-verano 2027
El desfile comenzó con tres looks blancos que parecían anunciar una colección mucho más discreta. Pero poco a poco, los primeros hints de amarillo fueron apareciendo hasta llegar a los brillos, los apliques plateados y buena dosis de brillo.
Los tocados plateados en el pelo y los collares de cuello alto aportaron un aire Matrix a la propuesta: futurista, pero con una ligereza inesperada. Esta fue de hecho, la gran constante de la colección. Las hormas comenzaron a hacerse más estructuradas, pero los materiales siguieron siendo ligeros, consiguiendo que incluso las siluetas que parecían destinadas a sentirse pesadas se movieran con el viento.
Elementos destacados de la colección
Los bolsillos frontales se convirtieron en protagonistas de la colección. Los vestidos empezaron a llenarse de formas geométricas que, en ocasiones, parecían superpuestas. Con estampados en su versión más minimalista y tonos tierra que aparecieron mezclados con la paleta fría que había dominado gran parte del desfile, Ghesquière creó una combinación de colores armónica, ideal para ser replicada en el día a día. Sobre todo para transicionar del invierno a la primavera.
Entre los cut-outs en los hombros y las siluetas cada vez más vaporosas, el exceso de tela y los pañuelos terminaron convirtiéndose en los grandes testigos de ese movimiento estético. Ondeando alrededor del cuerpo, aportaban un toque casi royal para cerrar la colección.
Y así, entre una sensación de vanguardismo, destellos y una ligereza asombrosa, Louis Vuitton pone el punto final a la Semana de la Moda de París y el mes de la moda, oficialmente, se da por terminado.


