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Francia vive protestas estudiantiles masivas por mejoras educativas

Más de 250.000 personas salieron este martes a las calles de Francia, según el Ministerio del Interior, para reclamar mejoras en la educación pública. La movilización, que comenzó en septiembre en los suburbios de París, se extendió a las principales ciudades del país y derivó en enfrentamientos entre grupos de manifestantes y la policía. El Gobierno de Sébastien Lecornu busca ahora responder a las demandas mientras enfrenta una crisis presupuestaria y la proximidad de las elecciones presidenciales de 2027.

Detalles de la movilización

Francia vivió este martes la mayor jornada de movilización estudiantil desde el comienzo de una protesta que hace casi tres semanas inició en los suburbios de París y que ahora se extiende por buena parte del país. El Ministerio del Interior contabilizó 256.000 manifestantes, mientras que las organizaciones convocantes elevaron la cifra a 450.000. En París participaron 56.000 personas según las autoridades y 100.000 según los organizadores.

Las protestas reclaman más recursos para los centros educativos, profesores suficientes y mejores condiciones para los alumnos. En distintos puntos del país, estudiantes, padres y docentes denunciaron problemas que van desde edificios deteriorados y filtraciones de agua hasta falta de personal y situaciones de insalubridad.

El conflicto, sin embargo, dejó de estar limitado a las reivindicaciones educativas. Los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad se multiplicaron en algunas ciudades y la violencia pasó a ocupar buena parte del debate político. En París, Estrasburgo, Rennes y Toulouse la policía utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua para reprimir a grupos estudiantiles. El Ministerio del Interior informó de 488 detenciones durante la jornada y de decenas de agentes heridos.

Reacciones del Gobierno y el contexto político

El movimiento comenzó el 17 de septiembre en un instituto de la periferia parisina y fue extendiéndose progresivamente por otras regiones. Los estudiantes denunciaron el deterioro de los establecimientos, la falta de profesores para cubrir las ausencias y una organización de la jornada escolar que consideran excesiva. La protesta también llegó a centros de barrios populares donde las condiciones edilicias son especialmente precarias.

El sindicato nacional de estudiantes de secundaria aseguró que alrededor de 1.800 de los 3.700 institutos franceses estaban bloqueados o habían cerrado este martes, aunque las cifras oficiales sobre los centros afectados son inferiores. La movilización sumó además el respaldo de docentes, padres, sindicatos y organizaciones de izquierda, en una convergencia que amplió el conflicto más allá de los estudiantes.

La escalada de los últimos días convirtió la respuesta policial en uno de los principales focos de la protesta. El primer ministro Sébastien Lecornu informó ante la Asamblea Nacional que 215 adolescentes y 85 trabajadores de la educación resultaron heridos desde el comienzo del movimiento, además de unos 715 policías y gendarmes. El jefe del Gobierno calificó el balance como uno de los más graves registrados en el sistema educativo francés en las últimas décadas.

Ante la presión creciente, Lecornu ordenó a sus ministros preparar respuestas a las principales demandas de los estudiantes. Entre las medidas planteadas están garantizar la sustitución de profesores ausentes, revisar la duración de la jornada escolar, ampliar los descansos para el almuerzo y acelerar las reparaciones de edificios escolares deteriorados.

El problema es que el Gobierno tiene poco margen para aumentar el gasto. Francia atraviesa una situación fiscal delicada, con un déficit elevado, una deuda cercana al 120% del PIB y un aumento del costo de financiación del Estado. La crisis educativa queda así vinculada a un problema mucho mayor: los estudiantes reclaman más inversión justo cuando el Gobierno necesita contener el gasto público.

Las protestas también irrumpieron en la política nacional. A siete meses de las elecciones presidenciales, los principales partidos intentan posicionarse frente a una movilización que todavía no tiene un liderazgo político único. La Francia Insumisa, el movimiento de izquierda de Jean-Luc Mélenchon, respaldó las protestas. El propio Mélenchon participó en la manifestación de París y pidió a los jóvenes mantener la prudencia, al tiempo que celebró la magnitud del movimiento.

La tensión llega además cuando Marine Le Pen aparece como una de las principales favoritas para las presidenciales de 2027 y defiende una reducción del gasto público como parte de su estrategia económica. Por ahora, la movilización continúa y el Gobierno prepara nuevas respuestas para finales de octubre.

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