Por qué no reaccionamos
«El Estado de bienestar devora en pocas décadas el capital cultural acumulado durante siglos. Nuestra anestesia ante Ceuta es otro síntoma»
Imagen elaborada con IA. | Benito Arruñada
Catedrático de la Universidad Pompeu Fabra; Affiliated Professor, BSE; Investigador Asociado, FEDEA. Expresidente, Society for Institutional & Organizational Economics. Investigación sobre las bases institucionales y culturales de la economía de mercado.
El bienestar estatal exhibe con gusto sus pensiones, escuelas, hospitales e incluso, hasta hace poco, su paz social. Su contabilidad es tramposa porque aplaza los costes, pero la deuda pública refleja solo los contabilizados. Los principales no vencen a fecha fija ni figuran en contrato alguno: se cargan a variables lentas, las que tardan varias generaciones en dar la cara. Los hijos que no nacen, los alumnos que no aprenden y los vecinos que no se integran no constan en ninguna cuenta, y de lo que no consta nadie responde.
El mecanismo lo describió desde dentro Assar Lindbeck, socialdemócrata sueco y decano de los economistas de su país. El Estado de bienestar es solvente mientras vive de las normas que heredó: trabajar aunque compense poco, no abusar del fondo común, cumplir sin vigilancia. Esas normas se erosionan despacio, porque cada generación…
También te puede interesar: El rival de Zelenskyy, Fedorov, El exjefe de defensa cosechó éxitos políticos con sus críticas al gobierno de Zelenskyy, pero su llamado a elecciones ha provocado indignación.