Un aviso a navegantes que llega coincidiendo con la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla y en plena cuenta atrás para la campaña electoral de unos comicios, los del 29 de noviembre, que pueden ser los del final del sanchismo y el cambio político en España. Transcurridos dos meses y medio desde el asalto de la frontera del Tarajal, y con apenas una comunicación oficial de las autoridades marroquíes, en este caso del Ministerio de Exteriores –el pasado 10 de septiembre–, el rey Mohamed VI fue el encargado con motivo de la inauguración de la legislatura el viernes pasado de fijar la posición de su país ante un momento con aires de cambio de época.
La cooperación migratoria, en la cuerda floja
El monarca alauí reservó el tramo final y culminante de su discurso –una de sus tres alocuciones anuales a la nación– a asegurar que el modelo de cooperación migratoria con sus socios, y España fue el único de ellos citado de manera explícita, «ha quedado obsoleto». A juicio del rey de Marruecos, la cooperación con Madrid «se enfrenta hoy a grandes desafíos relacionados con determinadas disposiciones legales superadas y con decisiones judiciales alejadas de la realidad». Por si quedaban dudas, y en la misma línea de lo adelantado semanas atrás por figuras políticas como el ministro de Justicia saliente y la nueva jefa del gobierno, Mohamed VI vincula la legislación española y las obligaciones internacionales de protección de la infancia, así como la sentencia del Tribunal Supremo del pasado 8 de julio, con el retraso en la repatriación de los menores marroquíes y de «personas que adoptan actitud de refugiados» en Ceuta desde el asalto.
Además, el jefe del Estado marroquí atribuye a las mismas disposiciones legales el potencial de «alimentar la codicia de las redes criminales», señaladas igualmente por el Gobierno de España como responsables exclusivas del desplazamiento masivo de jóvenes hacia la frontera con Ceuta en los días previos a la avalancha de los días 30 y 31 de julio.
Un cambio en la política exterior marroquí
Al dar por «agotado» el modelo de cooperación bilateral, el soberano alauí desmiente lo mantenido por los gobiernos presididos por Pedro Sánchez, que ponderaron una y otra vez las actuales relaciones entre España y Marruecos como «las mejores de la historia» desde el giro diplomático en el Sáhara. Pero el monarca fue más allá en su alocución para anunciar un nuevo modelo de cooperación migratoria con España (y resto de socios, en alusión al conjunto de la Unión Europea) que en estos momentos constituye toda una incógnita. El jefe del Estado marroquí avanza una «una visión estratégica, clara y práctica, que funda una nueva orientación destinada a consolidar el desarrollo compartido, la competitividad económica y la estabilidad regional».
A juicio de consejero diplomático marroquí y especialista en relaciones hispano-marroquíes Samir Bennis, es probable que las autoridades marroquíes planteen a España «una reforma de la ley de extranjería de manera realista a fin de que sus leyes dejen de impedir las devoluciones en caliente y la firma de acuerdos migratorios con países emisores, sobre todo del África subsahariana, porque Marruecos se ha convertido en país de tránsito». «Además, pedirá que los presupuestos comunitarios dedicados a Marruecos se adecúen a los enormes esfuerzos que mi país despliega día a día para ayudar a controlar los flujos migratorios», añade a LA RAZÓN el analista político.
Pero la alocución de Mohamed VI en el Parlamento es también un mensaje de advertencia a un eventual gobierno de coalición entre PP y Vox salido de las urnas el 29 de noviembre. Desde Rabat hace tiempo que se da por amortizado a Sánchez, e inquieta el cambio de actitud respecto al nuevo gobierno, sobre todo en la prioridad de la política exterior marroquí: la cuestión del Sáhara. En Marruecos, consciente de que las imágenes del asalto a la frontera dieron la vuelta al mundo, ha dolido lo que se considera una campaña mediática de desprestigio llevada a cabo por determinadas fuerzas políticas, Partido Popular y Vox, pero también las formaciones a la izquierda del PSOE, y, además, por una parte del panorama mediático español durante los dos últimos meses.
Aunque sin admitir públicamente la actitud inhibitoria de sus fuerzas armadas ni al menos el mero fallo de seguridad que permitieron la salida de al menos 70.000 personas de su territorio en las horas críticas de los últimos dos días de julio, el Marruecos oficial lamenta la «ingratitud» española y europea con un país al que se le exige desempeñar el ingrato papel «de gendarme permanente» de sus fronteras y que recibe después la «cínica» condena de sus instituciones, citando como ejemplo la resolución de apoyo a Ceuta que fue aprobada por la Eurocámara.
Por otra parte, la crisis migratoria de Ceuta tuvo una dimensión militar que hasta ahora no había sido reconocida públicamente por el Gobierno. Pedro Sánchez confirmó, durante la recepción oficial del Día de la Fiesta Nacional, que buques de guerra marroquíes penetraron sin autorización en aguas de soberanía española los días 30 y 31 de julio, coincidiendo con la entrada masiva de inmigrantes en la ciudad autónoma. Una incursión que obligó a España a movilizar unidades de la Armada para proteger sus aguas territoriales.
El presidente del Gobierno admitió, en una conversación informal con periodistas, que Defensa desplegó una fragata para responder a los movimientos de los buques marroquíes. Según la información publicada por El País, la primera reacción consistió en movilizar un buque español de acción marítima, que atracó en Ceuta el 3 de agosto. Posteriormente, el dispositivo se reforzó con la fragata Santa María, sustituida después por la Navarra debido a una avería. Sánchez no aclaró las razones de las incursiones ni si existió alguna relación entre los movimientos militares y la presión migratoria registrada durante aquellas jornadas. Sin embargo, la coincidencia temporal de ambos episodios incorpora un elemento especialmente relevante a la crisis: mientras miles de inmigrantes trataban de acceder a territorio español, unidades militares marroquíes entraban en aguas cuya soberanía corresponde a España.
El jefe del Ejecutivo sí reconoció que ambos países atravesaron momentos de tensión, aunque defendió que el incidente quedó resuelto gracias a una interlocución al más alto nivel entre sus respectivas Fuerzas Armadas. Sánchez sostiene que las relaciones bilaterales están recuperando «la normalidad». La revelación llega, además, en plena precampaña electoral y cuando Ceuta vuelve a situarse en el centro de la confrontación política. Además, abre nuevos interrogantes sobre la gestión del ataque a la frontera como qué objetivos perseguían los buques marroquíes o cuánto tiempo permanecieron en aguas españolas.


