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Elena Ochoa Foster: espléndidos 68 años de pasión por el arte y la psicología

Elena Ochoa celebraba el pasado septiembre su 68º cumpleaños y solo unos días después acompañaba a su marido, Norman Foster, a la inauguración de la ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao que ha sido llevada a cabo por el arquitecto británico. Fiel a la discreción que la caracteriza, Elena Ochoa se mantuvo en un segundo plano dejando todo el protagonismo a su marido, al que lleva unida desde que en 1993 coincidieran en una cena informal en Toledo ofrecida por el arquitecto Miguel Oriol en su castillo y a la que Elena no tenía intención de ir en un principio.

En ese momento, ella era profesora emérita en el King’s College de Londres y cuando llegó a la cena vio que todo el mundo iba vestido de negro salvo un invitado que llevaba un traje de pana color crema. Era Norman Foster. Los sentaron juntos en la cena (dicen que porque Elena habla un perfecto inglés y era la única ‘capaz’ de mantener una charla interesante en ese idioma con el arquitecto) y a partir de ahí surgió el amor.

Una pareja influyente en arte y arquitectura

“Elena es una persona con una pasión extraordinaria y una fuerza increíble. Es entusiasta, comprometida y muy impaciente. Junto a ella, todo sucede rápido, pero con energía. También es muy perfeccionista y exigente”, decía Norman Foster sobre su mujer en el año 2013 en la cadena internacional alemana DW durante la inauguración de la sede madrileña de la editorial Ivory Press, fundada por lady Ochoa. La pareja forma un tándem perfecto entre la vanguardia, el arte, la arquitectura y la literatura.

Se casaron en 1996 en una ceremonia íntima a la que solo asistieron un decena de invitados en Londres y unos años después, en 2006, el diario británico The Guardian decía que “Ochoa ha redefinido a Foster desde que se casaron. Le ha sacado de la órbita arquitectónica, algo desenfadada, y le ha llevado a la estratosfera de los aviones Lear y el personal doméstico con uniformes almidonados, pero no ha tenido ninguna pretensión de decirle cómo dirigir su estudio. Ha evitado cuidadosamente el patrón profesional convencional de las esposas de arquitectos”.

Trayectoria académica y profesional

Antes de que Norman Foster llegara a su vida, la doctora Elena Ochoa, que en España fue muy popular a principios de los 90 al presentar Hablemos de sexo, espacio divulgativo de TVE dirigido por Chicho Ibáñez Serrador, estuvo casada con el intelectual Luis Racionero, director de la Biblioteca Nacional en Madrid, y fallecido en marzo de 2020. La pareja se casó en secreto en La Torre del Remei, en Girona, en 1991, pero se separaron tres años después tras haber vivido un tiempo en Cambridge. El último de ellos lo pasaron viviendo en Cambridge.

El arquitecto británico había estado casado dos veces. Su primera mujer, con la que se casó a mediados de los 60, fue la arquitecta Wendy Cheesman, fundadora de Team 4 y Foster Associates, que falleció en 1989 a los 51 años. Con ella tuvo a sus cuatro hijos mayores: Ti, Cal, Steve y Jay. En 1991, Norman Foster contrajo matrimonio con la diseñadora Sabiha Rumani Malik. Solo estuvieron juntos cuatro años.

Foster y Ochoa tienen dos hijos: Paola, que es arquitecta como su padre y se graduó en Harvard en 2022, y Eduardo, que estudió Bienes Raíces y Urbanismo en el University College London y trabaja en Generali Real Estate como gerente de proyectos. El matrimonio vive a caballo entre Londres y Madrid, donde tienen su centro de operaciones en un precioso palacete en Chamberí, sede de la Fundación Norman Foster, y los inviernos suelen pasar tiempo en St. Moritz, donde su casa Chesa Futura está ubicada en un edificio diseñado por el propio Foster y está considerado un ejemplo de arquitectura sostenible.

Elena Ochoa fundó Ivory Press en 1996. Se trata de una iniciativa dedicada a la edición y comisariado de arte contemporáneo y que comprende una galería de arte, una editorial especializada en libros de artista y una librería especializada en libros de fotografía, arquitectura y arte contemporáneo. Tiene sede en Londres y en Madrid. Entre otras cosas, lady Foster es presidenta del Consejo de las Serpentine Galleries, académica corresponsal en Suiza para la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, miembro del Comité Organizador de los Premios Golden Trezzini de Arquitectura y Diseño y vicepresidenta de la Norman Foster Foundation.

Durante 20 años, Ochoa fue profesora de Psicopatología en la Universidad Complutense de Madrid y hasta 2001 fue profesora honoraria en el King’s College de Londres. Hizo sus estudios de postdoctorado con una beca Fulbright en la Universidad de Illinois (Chicago) y en la de Los Ángeles.

En la capital, Elena Ochoa se mueve en los círculos más elitistas y exclusivos del mundo del arte y la literatura. Entre sus amistades se encuentran la artista Cristina Iglesias, Nuria March o Boris Izaguirre. Las reuniones en casa de los Foster-Ochoa suelen congregar a artistas, científicos, urbanistas y pensadores de todo el mundo. Una de las buenas amigas de Elena Ochoa es Marie-Chantal Miller, con la que estrechó lazos en la capital británica.

Nacida y criada en Orense, Elena tuvo una infancia feliz ya entonces rodeada de libros. Según ella misma contó a Marta Robles, sus padres celebraban tertulias en su casa y ella y sus hermanos crecieron en un ambiente relacionado con la literatura, como el psiquiatra y antropólogo Manolo Cabaleiro, que fue quien la animó a leer un libro de Freud y a estudiar Psicología, pese a la oposición de su padre, que era médico cirujano, que “no quería que estudiara Arte, Filosofía o Psicología, que era lo que por entonces estudiaban las chicas, sino una carrera de Ciencias y que fuera a por todas”.

Sus padres quisieron darles a ella y sus hermanos la mejor educación posible y la joven Elena aprendió a desenvolverse en inglés, francés, italiano y algo de alemán. “El inglés lo aprendí porque estudié fuera de niña, el francés porque mi madre hacía mucho hincapié en ese idioma, el italiano porque me gustaba y empecé a estudiarlo. Y leo alemán porque…¡Mis hijos sí que hablan muchos idiomas! Yo no. ¡Ellos se ríen de mis acentos!”, explicó.

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