El votante de ese espacio político que en los últimos años denominan bajo el eufemismo de "la izquierda a la izquierda del PSOE" tiene que ser profundamente amnésico a la hora de votar o caerá en la cuenta del bucle que supone que, periódicamente, la izquierda cree una marca "para agrupar" a toda la izquierda, muy por encima de simples partidos, incluyendo sensibilidades y sectores sociales, para que luego esa marca empiece a sufrir deserciones que obligan a crear otra nueva marca. La antigua marca pasa a ser un partido más y se crea una nueva que se atribuye nuevamente la misión de ser un movimiento social que agrupe a todas las sensibilidades progresistas de la sociedad.
Esa era, a fin de cuentas, la cantinela de Izquierda Unida al nacer en 1986. Frente a los que decían que era, básicamente, una marca blanca del PCE, sus fundadores insistían en que era mucho más que eso: era un movimiento social para agrupar a una izquierda mucho mayor y que el PCE solo era "un partido más" dentro de IU. Luego llegó Podemos y entonces Alberto Garzón intentó aquello de usar la marca Unidad Popular en las elecciones de diciembre de 2015, que a nadie le importó demasiado. Todo el mundo estaba pendiente de Podemos, que se presentaba no como un partido político, sino como un gran movimiento ciudadano desde las bases populares. Paralelamente, Garzón trató de convencer de que Unidad Popular era un proyecto integrador de todas las izquierdas y que Izquierda Unida "solo era un partido más" dentro de ella.
Luego llegó Unidas Podemos, con aquel pacto de los botellines de Pablo Iglesias y Alberto Garzón en Sol, y entonces aseguraron que no era una coalición de partidos, que era algo mucho mayor, un acuerdo entre sectores sociales en el que Podemos e Izquierda Unida habían pasado a ser simplemente "dos partidos más" que se sumaban a ese gran pacto ciudadano que era Unidas Podemos. Y luego llegó Sumar en 2023, con un replay que aseguraba que Sumar no era un partido, sino un gran acuerdo ciudadano entre grupos de izquierda y sectores sociales. Todo para llegar a un 2026 en el que ahora Sumar no es más que "un partido más" (y bastante débil) dentro de esa nueva marca que quiere agrupar a toda la izquierda y la ciudadanía progresista, que ahora llamarán Frente Amplio. Les molestará el constante chascarrillo del Frente Popular de Judea, pero ponen un poco difícil no hacerlo.
Más aún si su cabeza va a ser Ada Colau, que en las últimas elecciones a las que se presentó como cabeza de lista, las de Barcelona en 2023, se quedó seis puntos por debajo de los resultados que la habían llevado a la alcaldía en 2015. La costumbre es llevar como candidato presidencial a quien ha ganado en su localidad. Anguita, de ganar en Córdoba, al Congreso; Fausto Fernández, de ganar en Rivas, a la Asamblea. Pero llevar a Ada Colau tras perder Barcelona es invitarla…


