España envejece, nacen menos niños y faltan trabajadores en determinados sectores. Al mismo tiempo, la inmigración se ha convertido en uno de los grandes asuntos del debate político y social. The Real Talks aborda esta cuestión a partir de una pregunta concreta: ¿A quién debería dejar entrar España? Martín Varsavsky e Iván Espinosa de los Monteros defienden la necesidad de superar el debate entre «inmigración sí» e «inmigración no» para discutir qué inmigración necesita el país, qué requisitos deberían exigirse y hasta dónde debe llegar la integración de quienes se instalan en España.
Espinosa de los Monteros es tajante al ser preguntado si España necesita actualmente más inmigrantes: «No, claramente no». El exdiputado defiende un sistema selectivo que permita la entrada en función de las necesidades laborales del país y toma como referencia su experiencia como inmigrante en Estados Unidos. «Una cosa es el inmigrante que viene a contribuir, a trabajar, a aportar, y si el país lo necesita, pues es bienvenido», afirma. A su juicio, España debería exigir dos condiciones: algún tipo de cualificación profesional y «un deseo explícito de integrarse y contribuir en sociedad». Eso supone, explica, aceptar las normas y costumbres del país de acogida sin necesidad de renunciar a las creencias religiosas propias.
Varsavsky coincide en la conveniencia de seleccionar la inmigración, aunque introduce un matiz: España tiene un problema demográfico que obliga a plantearse cómo sostener su población. «Hay inmigración que te sube la media», sostiene el empresario, que critica que el sistema español no seleccione suficientemente a los recién llegados en función de sus capacidades profesionales.

El empresario defiende que el criterio determinante no debería ser el país, la raza o la religión del inmigrante, sino su capacidad y voluntad de trabajar e integrarse. «No es un problema de ser africano», insiste, sino de establecer un sistema «racional» que priorice a quienes dispongan de empleo.
Uno de los asuntos más polémicos es la integración de la población musulmana en Europa. Espinosa de los Monteros sostiene que existen valores que cualquier inmigrante debería aceptar, con independencia de sus convicciones religiosas. Entre ellos, menciona la separación entre religión y Estado, la igualdad ante la ley y la primacía de la legislación civil frente a cualquier norma religiosa. «A mí me da igual si luego van a una mezquita, a una sinagoga, a una iglesia o no van a ningún sitio a orar», explica. La frontera, según Espinosa d

Varsavsky relata también cómo su visión sobre la inmigración cambió tras los incidentes que vivió junto a su familia en Saint-Denis durante la final de la Champions de 2022. El empresario reconoce que anteriormente había defendido posiciones mucho más favorables a la inmigración masiva y asegura que aquella experiencia le llevó a reconsiderarlas. «Cambié radicalmente mi modo de pensar», afirma.
Ambos colaboradores defienden también una política mucho más restrictiva frente a la inmigración irregular. Espinosa de los Monteros propone la devolución de quienes entren ilegalmente en España y pone como ejemplo la política aplicada durante años por Australia para desincentivar las llegadas irregulares. Según su planteamiento, una política clara de devoluciones terminaría modificando las rutas utilizadas por las redes de tráfico de personas.

El debate se produce en un momento en el que el peso de la inmigración en España sigue creciendo. A 1 de julio, España tenía 49,8 millones de habitantes, de los cuales 10,29 millones habían nacido en el extranjero. Al mismo tiempo, los extranjeros tienen ya un peso importante en el mercado laboral: en agosto superaron los 3,55 millones de afiliados y representaron el 15,9 % de los cotizantes a la Seguridad Social.

Varsavsky cierra defendiendo un modelo próximo al suizo que, según explica, combine inmigración con empleo y exigencias de integración. Espinosa de los Monteros insiste en la misma idea: España debe decidir cuántos inmigrantes necesita, qué perfiles busca y qué normas deben cumplir quienes quieran quedarse.
El interrogante que deja The Real Talks no es, por tanto, si España debe aceptar o rechazar la inmigración, sino uno bastante más incómodo: si un país tiene derecho a elegir quién entra y bajo qué condiciones.


