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Trump, el nuevo Boligrande de los viejos bolichicos

Basta ver la recepción de Trump al dictador Xi Jinping, y la orden, siete veces repetida, de no dejar entrar en Venezuela a María Corina Machado para comprobar que el modelo de sociedad que pretenden oficialmente los USA ya no es el de Washington y Jefferson, el de Lincoln y el de Reagan, sino el de Mao y Deng Xiaoping, el mayor genocida de la historia y el verdugo de Tiananmen, juntos desde la Larga Marcha, y siameses en la forja de la dictadura moderna: la represión de Mao y los negocios de Deng.

Ni que decir tiene que un sujeto como Trump tan poco escrupuloso con lo público como para emitir criptomoneda y forrarse en lo privado, ve el modelo maoísta-plutocrático muy apropiado, en todos los sentidos, para los Estados Unidos del futuro: una potencia militar cuyo ejército blinda los negocios de unas empresas que, a su vez, hacen ricos a los políticos del Gobierno. El modelo es Londres al servicio de la Compañía de las Indias Orientales. Es un mito que los casacas rojas cortasen los pulgares de los trabajadores del sector textil hindú para que no compitieran ventajosamente con Manchester. En realidad, algunos trabajadores lo hacían para escapar de las condiciones de esclavitud laboral de la Compañía y de la Reina. Lo indiscutible, relatado aunque mal contado por Marx, es que la artesanía de la India colonial fue hundida para favorecer a las telas de la metrópoli.

El modelo hindú es el que Trump quiere imponer en Venezuela: una colonia sin acceso a sus recursos naturales, expropiados por la metrópoli. Del "exprópiese" del Gorila Rojo pasamos al "hemos expropiado" del King Kong anaranjado. Poco hemos cambiado y Xi Jinping lo celebra. Eso pasó con Hong Kong, que Thatcher entregó sin elecciones a Deng Xiapoping.

El obstáculo para esa política británica de cañoneras y saqueo colonial fueron los hindúes, que rechazaban la pérdida de los recursos naturales de su país para explotarlos según conviniera en favor de la potencia colonial. El obstáculo de Trump para actuar como la Reina y la Real Compañía Británica de las Indias Occidentales son los venezolanos, que se niegan a ser el "botín del vencedor" que como un Gengis Khan de plástico exhibe Trump, que presume del petróleo venezolano robado e imita hasta lo simiesco a Chávez: es el nuevo Boligrande de los viejos bolichicos.

La cercanía de los acontecimientos, la inesperada y descarada traición de Trump y Marco Rubio a los venezolanos, nos impide ver en perspectiva lo que realmente ha sucedido, lo que supone el tipo de relación que los USA consideran legítimo mantener con otros países, sobre todo los que de alguna manera dependen para su desarrollo económico, político e institucional de Washington. Y lo explicado es muy sencillo: lo único que importa es el acceso a los recursos naturales de ese país, y el régimen que más lo favorezca será el preferido por la Casa Blanca, no importa su pasado ni su presente, y deja entre paréntesis su futuro,…

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