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Sánchez quiere pegarle fuego a España como Melenchon a Francia

La hoguera, con perroflautas, invasores marroquíes y medios de comunicación obscenamente entregados a la demagogia, que Sánchez ha encendido en España es idéntica a la que en los últimos días ha incendiado Francia. Naturalmente, cada país tiene sus peculiaridades, pero el objetivo es el mismo. Sánchez quiere convertir toda España en Ceuta, ciudad sitiada con los delinuentes que trae el gobierno, y Mélenchon quiere convertir toda Francia en Saint Denis, cubil islamista que presume de perseguir a "la Francia de los blancos". La católica que hemos visto recibiendo al Papa.

No nos centremos no las diferencias de los países sino en la identidad de los proyectos: hay un partido que no se considera un partido más, la Francia Insumisa o el PSOE, que toma violentamente en las calles para imponer, primero, un relato, básicamente televisivo, de lo malo que es el capitalismo y los desastres que está produciendo en Francia. En segundo lugar, para negar la alternancia democrática, en vísperas de unas elecciones en las que las izquierdas y la inmigración islamista que han propiciado, es ampliamente rechazada y la derecha es la preferida por los ciudadanos, en Francia Marine Le Pen y "Reconquéte" de Zemour, en España PP y VOX.

En tercer lugar, los medios apesebrados y la mayoría izquierdista de los periodistas elogian las formas de violencia como legítimas, mientras critican, por principio, la represión de esos comportamientos vandálicos. Las entrevistas a los pijoflautas de Sol, incluso en medios escritos que, en teoría, defienden la democracia y la propiedad, van más allá de la simpatía: adelantan en sus preguntas sentimentales la justificación de las respuestas.

En cuarto lugar, se cierra el espacio a la pluralidad democrática. Según la fórmula de la Revolución Francesa, no hay más que "ellos" y "nosotros" y uno de los dos destruirá inevitablemente al otro. Esto es esencial para entender la gravedad de la apuesta de la izquierda: no se puede convivir con los que piensan distinto, hay que impedir como sea, por la fuerza, si hace falta, que llegue al poder para mantener unos "derechos" que se supone han inventado las izquierdas y sólo sobrevivirán con ellos.

En cuanto a la economía, las viejas recetas comunistas aseguran el despilfarro; todo debe estar en manos del Estado y la propiedad privada es un robo intolerable que hay que perseguir, legal e ilegalmente, con el Fisco y a palos, con leyes que favorecen a los okupas o quemando los comercios.

La mano de obra para esta estrategia revolucionaria, porque lo es en todos los sentidos, y por eso para Moscú es una perfecta "guerra híbrida", la ponen los denominados "jóvenes" de todas las edades: ancianos del 68, viejales de Seattle y Génova, etarras y catanazis, bolivarianos al contado, adolescentes que no saben de dónde les viene el acné y estudiantes sin costumbre de estudiar, entre los 13 y los 53 años, enmascarados para que no se vean las caras y las arrugas, más gente curtida en la gresca futbolera. En Francia estamos viendo cómo queman…

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