Van a tener que montar otro 15-M para salvar a las abuelas, a los migrantes y a los gorriones, pero esta vez para salvarlos de un Gobierno, unas leyes y una injusticia que son ellos mismos, o sea los que ya montaron el 15-M. Esta gente es así, les sale enseguida la querencia callejera a ponerle estribillo, corro y flauta, como si fueran las Tanxugueiras, a la abuela sacada de su piso, al gato atrapado en el árbol, al vendedor de La Farola con La Farola petrificada como el libro de la Estatua de la Libertad, al drama que es la vida, en fin. Claro que salen contra el Gobierno sin recordar que ellos son el Gobierno, y salen contra las leyes sin caer en que las leyes las hacen ellos, y salen pidiendo responsabilidades en una pancartilla cuando las responsabilidades las tienen ellos en su cargo, y salen contra el drama sin entender que ellos son el drama. Yo creo que la cosa consiste en que no pare la feria en la calle, que es de lo que ellos viven, como cuchilleros de feria, más que de gobernar. Ayuso acusa a Sánchez de querer “quemar las calles”, que no es ninguna novedad (Ayuso también vive de estribillos, aunque sean estribillos inversos). Es lo que ha hecho siempre la izquierda, quemar lo que tenía a mano, el cartón, el dinero, el pobre, el rico, el perro Excálibur y la abuela en la silla, que arde como una Dama de Elche del drama español o de la izquierda. Y nunca se queda sin combustible.
El Gobierno se ha llegado a manifestar contra el propio Gobierno, y yo recuerdo a Yolanda Díaz desdoblada como una blanca y crujiente pajarita de papel cebolla (en realidad ella siempre va así, está hecha de mil intentos de papiroflexia, como si hubieran hecho con ella lo mismo cisnes, guirnaldas o bonsáis). Esto pasa porque les sale antes montar un sarao, una rima, una romería con mochilas y latas, un baile con los sobacos lilas en flor, como lavanda, que una ley o un ministerio que sirvan realmente para algo. Quemar las calles yo creo que es para ellos como barrerlas o asfaltarlas, o sea mantenerlas sin más para su uso. Lo de quemar las calles puede ser literal, o sea lo que hacían los socios indepes, prendiendo un contenedor como una bola de heno, o la manga de un maniquí, que parecía un loco ardiendo, o prendiendo teas en escalofriantes ceremonias purificadoras y germanoides. O puede ser simbólico, que yo diría que lo simbólico siempre arde mejor porque arde eternamente, no como un autobús (arden en nada los autobuses, como una caravana del Oeste) o un escaparate (arden en nada los escaparates, como peluquines).
Van a tener que montar otro 15-M, pero esta vez para salvarlos de un Gobierno, unas leyes y una injusticia que son ellos mismos
Maricarmen, por ejemplo, arde muy bien, leve pero poderosa y largamente, como la lamparita de mariposa de los…


