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Nuestros falsos ‘pieds-noirs’, por César Antonio Molina

Esto no lo pienso yo, sino nuestro obnubilado presidente del Gobierno. Como desconoce por completo nuestra historia, es más, yo diría que le repele, no sabe que cuando los europeos se establecieron en Argelia fue a mediados del siglo XIX, en un período que se ha calificado como colonial. Desde el año 1830 hasta el 1962, familias que llevaban décadas establecidas en Argel u Orán fueron trasladadas a Francia tras la independencia del nuevo Estado africano. En ese traslado hubo una parte importante de los propios argelinos que trabajaban para la Administración francesa. En Argelia no solo había franceses, sino también españoles (el caso de la madre del Premio Nobel de Literatura Albert Camus), italianos y malteses. Se calcula que había un millón de personas europeas que ya también eran argelinas. Esto suponía el 10% de la población total durante los años cincuenta del pasado siglo XX. Y entre los españoles, los más numerosos procedían de Alicante, Valencia y las Baleares.

Ceuta y Melilla nunca fueron una colonia. Cuando Francia tomó Argelia, las dos ciudades españolas ya lo eran desde hacía varios siglos, cuando no había Estado alguno a su alrededor. Y menos algo que se conociera como Marruecos. Por lo tanto, nosotros no tenemos pieds-noirs, sino españoles de siglos que en nuestros días comparten su vida con musulmanes-españoles, hebreos-españoles e hindúes-españoles, entre otros grupos culturales.

Pero «¿por qué Sánchez odia tanto a los ceutíes?», me preguntaban hace poco por una de mis calles de Madrid. Yo respondí que Pedro Sánchez odia a todos los españoles que no están dentro de ese tanto por ciento que aún irracionalmente lo siguen votando. «¿Usted lo vota?», le pregunté yo. «¡No, no!», me respondió el que me interpelaba. «Entonces, dese por odiado», le contesté. En su fondo mental de enfermo, el presidente es de los que piensa que Ceuta y Melilla son excrecencias de un pasado colonial del cual hay que deshacerse. Evidentemente, no entregándolas de manera inmediata, pero sí a plazos más o menos fijos y, más o menos, establecidos.

Estoy seguro, y es solo mi opinión, de que esta invasión fue preparada en colaboración con los marroquíes, por el propio Sánchez. De ahí su tranquilidad y su aparente dejadez. Ceuta y Melilla significan para él un recuerdo del franquismo, de la Guerra Civil, del levantamiento de los generales africanistas, de la Guardia Mora, del derrumbe y destrucción de la Segunda República. Ceuta y Melilla, para esta mente perturbada, son la reserva espiritual de ese mundo al cual pone como heredero al PP, por no hablar de Vox.

Sabe que nunca ha ganado ni ganará en esas plazas fuertes contra el sanchismo, y las castiga como ha castigado a todas las autonomías contrarias a su voluntad de poder omnímodo. ¿Hubiera sido lo mismo si el Gobierno ceutí fuera de este Partido Socialista? Yo creo que no, ya lo hemos ido comprobando con casos anteriores. Sánchez ha ido castigando, mintiendo, insultando y amenazando a todas aquellas comunidades que han padecido incendios, inundaciones o…

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