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No puede ser Pegasus (o no solo Pegasus)

La gente de CEOE que días atrás visitó Ceuta cuenta y no acaba del espectáculo apocalíptico que allí vieron y que parece no tener fin. "Oye, Fulano, no pongas la mano en esa barandilla, que aquí hay infecciones de todo tipo", advirtió alguien de la oficina de Juan Vivas a un miembro de la comitiva. La playa es un campo de batalla, una ciudad dentro de la ciudad en la que se vende de todo, desde leche hasta hachís, con miles de personas defecando en la arena, con un problema sanitario de primera magnitud, con grupos de jóvenes asaltando el pequeño comercio, con los delincuentes más peligrosos refugiados en el monte para evitar el riesgo de ser detenidos, y con el Gobierno tratando de instalar a una parte de esa multitud, los de la playa Benítez, en un campamento improvisado levantado en los terrenos de la autoridad portuaria, cerca de instalaciones estratégicas como la desalinizadora de agua o los silos de gasoil marino y fuel de Ducar, petrolera participada por Miguel Arias Cañete. Un operativo que se cerró el viernes con un fracaso mayúsculo, porque del monte se descolgó de madrugada una multitud que ocupó el campamento antes de que a Policía y Guardia Civil les diera tiempo a persignarse. El caso es que las playas siguen llenas y por las calles vagan cual fantasmas hasta 20.000 "irregulares" o más, en una ciudad de 83.000 personas que viven acongojadas en sus pisos. Feijóo dijo el viernes en Melilla lo que todo el mundo sabe, que "Ceuta es un polvorín", mientras Aznar afirmaba que "España está cediendo a los intereses del Estado responsable de la situación, que es Marruecos". ¿Y para qué lo hace? Para que "los ceutíes se marchen de Ceuta". ¿Eso es lo que anda buscando Sánchez, permitiendo que se pudra la situación? Sería la rendición de un Estado, España, ante otro, Marruecos, a quien el presidente español califica de amigo fiel. 

¿Y por qué lo hace? Lo que tiempo atrás comenzó siendo un runrún minoritario, casi un comentario de cenáculo, sobre las consecuencias del material incautado por los servicios secretos marroquíes tras el jaqueo del móvil de Sánchez, ha terminado convirtiéndose en una especie de certidumbre que comparte una mayoría de españoles, incluso alguno de sus socios como el PNV o Podemos. ¿Cómo explicar el sometimiento del presidente del Gobierno español al rey de Marruecos? ¿Cómo entender lo que a todas luces parece una rendición incondicional? El caso es que en las últimas semanas se ha ido extendiendo por Madrid la especie de que quizá lo del material del software Pegasus, una información a la que los servicios secretos marroquíes accedieron a poco de llegar Sánchez a Moncloa -Rabat empezó a utilizar Pegasus en 2017, al punto de haber espiado en 2019 nada menos que al presidente francés Macron y a su primer ministro Édouard Philippe, un escándalo que se hizo público en julio de 2021 y que congeló las relaciones entre ambos países durante meses- en manos…

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