Ilustración generada mediante IA.
Todos esperábamos el pucherazo de Sánchez; un autócrata no entrega el poder según las reglas democráticas, pero lo que nadie suponía es que iba a organizar el pucherazo por medio de un millón de presuntos descendientes de españoles exiliados desde la Guerra Civil. Es un rasgo de genialidad mussoliniana que de inmediato ha sido recibido con alborozo por sus empleados.
Igual podría haber acudido a las guerras carlistas, que también dejaron puñados de exiliados por aquí y por allá, sobre todo en Gran Bretaña. O a la guerra del francés, con los miles de afrancesados que huyeron de la represión de Fernando VII y se instalaron en Francia, donde siguen sus descendientes. Pero le ha parecido suficiente con los fingidos nietos y biznietos americanos, cuyo derecho a la nacionalidad española es por completo fantasioso. ¿Y qué más da? El autócrata no tiene por qué justificar sus caprichos.
De otra parte, poca nacionalidad española puede conceder un tipo que gobierna con los separatistas vascos y catalanes, más todo el poscomunismo. A menos de que quiera dar la nacionalidad para destruir la nación, que es lo que todos suponemos.
Muchos pensamos, de inmediato, en los exiliados vascos perseguidos y amenazados por ETA y reprimidos por los nacionalistas. ¿No deberían poder votar en las elecciones vascas? ¿Y los catalanes que se han ido de aquella parte por no soportar la represión nacionalista y las multas y escraches de los mercenarios fanáticos? Están más cerca de lo que sucede en España que esos pretendidos descendientes de los exiliados de hace cien años.
Por otra parte, muchos se exiliaron para probar fortuna, para huir de la pobreza, para escapar de la familia, para esconder un crimen, para no arrodillarse; en fin, hay de todo. ¿Qué derechos pueden exhibir nietos y biznietos para gozar de un pasaporte español y —sobre todo— para votar en un país del que no saben absolutamente nada? ¡Y aunque supieran!
«El pucherazo no tiene ningún sentido jurídico, ni racional, es simplemente otra corrupción, una más, del régimen sanchista»
El pucherazo no tiene ningún sentido jurídico, ni racional; es simplemente otra corrupción, una más, del régimen sanchista, al que solo le falta comenzar a tomar las calles para acercarse a la guerra civil. Lo veremos; tengo la convicción de que el déspota ha de morir matando y, como Nerón, incendiará las ciudades.
A la vista de toda la sarta de delitos que se le acumulan al sanchismo, ¿queda un solo socialista decente? Suelen aparecer en los informativos el inevitable García Page, las quejas con la boca pequeña de los viejos tipo Felipe González y algún descolgado que está ya harto de tanta inmundicia. Pero todos los demás viven regaladamente en las cloacas.
¿Qué esperar de un Gobierno en el que son los ministros quienes dictan a los jueces las sentencias que han de exponer obligatoriamente, como hizo la portavoz cuando dijo, con esa falta de convicción que la caracteriza, que solo admitiría la decisión de declarar inocente a…


