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El sindicato que nadie votó, por Javier Benegas

Ilustración generada mediante IA.

Carpas y tiendas de campaña cubren la Puerta del Sol. Cientos de personas han tomado el lugar. Anuncian que no se marcharán, incluso si se aprueba el llamado decreto Maricarmen. Los medios informan sobre las exigencias de los acampados y presentan al Sindicato de Inquilinas como interlocutor de un conflicto a nivel nacional. Sus representantes aparecen en canales de televisión, periódicos y radios con la autoridad de quien habla en nombre de la sociedad.

Ningún periodista se ha preguntado quién le da a esa organización la representación de millones de inquilinos. Ningún diario, radio o televisión ha explicado al público qué es exactamente el Sindicato de Inquilinas y a quién representa. Simplemente, desde que empezó la acampada, le han dado de hecho una capacidad de representación que no se ajusta a la realidad.

La palabra «sindicato» hace pensar en una organización grande que representa a un grupo y habla en su nombre. Sin embargo, el llamado Sindicato de Inquilinas es en realidad una asociación privada. Es completamente legal, pero no es un sindicato laboral ni una asociación elegida por todos los inquilinos. No lo han votado los españoles, ni los madrileños, ni los cerca de cuatro millones de hogares que viven de alquiler.

La organización dice que tiene 3.000 afiliados, 200 militantes activos y seis personas en nómina. A esos 3.000 asociados hay que sumar los que participan en las otras asociaciones federadas. Aun así, su representación es muy pequeña si se compara con los cuatro millones de hogares que viven de alquiler.

El sindicato tiene todo el derecho a organizarse, defender a sus afiliados, manifestarse y tratar de presionar al Gobierno. Lo que no tiene es una legitimidad indiscutible. 3.000 personas pueden tener el derecho a asociarse e intentar influir. Sin embargo, su número es demasiado pequeño para presentarse como representantes de la mayoría.

Entonces, ¿por qué los medios le dan a esa organización una representación que en realidad no tiene? ¿Están compinchados? ¿Hay un acuerdo secreto entre ambos? No necesariamente. Más bien, hay una confluencia de intereses.

Los medios necesitan voces para contar una historia a sus audiencias. Necesitan rostros, declaraciones, polémicas, imágenes, emociones y, sobre todo, personas disponibles. Una organización como el Sindicato de Inquilinas les da todo eso. Ofrece el drama humano que atrae la atención del público, interpretaciones fáciles de reproducir, culpables, portavoces preparados para hablar en público y declaraciones que sirven para crear titulares llamativos.

La simbiosis beneficia a ambos. El problema surge cuando los medios presentan a una fuente como representante del grupo sin investigar más. Los periodistas preguntan al sindicato qué quieren los inquilinos y no se preocupan por saber qué quieren de verdad los inquilinos. La organización gana autoridad por su presencia mediática. Y la reiteración la refuerza. Cada aparición en televisión, cada canutazo, cada frase que la prensa repite confirma la autoridad que las anteriores ya le habían dado.

Para entender el verdadero alcance de esta asimetría, comparemos con ASVAL. Esta asociación reúne a unos 6.000…

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