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El PSOE, ante el abismo

El Gobierno ha perdido la mayoría en el Congreso. La derrota se ha producido en la votación más importante de la legislatura. Pedro Sánchez ha echado toda la carne en el asador. Vio en el desahucio de una anciana de 87 años una oportunidad de oro para retomar la iniciativa y puso en marcha la maquinaria para sacar adelante una norma a la que él mismo bautizó como "decreto Maricarmen".

Han sido días de vértigo. La encomienda a su ministra de Vivienda no era fácil. Poner de acuerdo a la llamada "mayoría de progreso" (incluidos PNV y Junts) para que apoyaran en el Congreso una norma que también fuera del gusto de Sumar y Podemos, Pronto se vio que la cuadratura del círculo era imposible. No se pueden conciliar los intereses de los pequeños propietarios con aquellos que quieren una vuelta al pasado en la política de alquileres, con topes e incluso prórrogas indefinidas de contratos.

El PSOE confundió la calle, la gente, con la concentración en la Puerta del Sol, donde no estaban sus bases, sino, mayoritariamente, los seguidores de la extrema izquierda y los anarquistas. Gave error de apreciación.

Sánchez tenía tanta prisa por tapar sus males, Ceuta, la corrupción,… que se se subió a un torbellino de demagogia. Sumar, un zombi político, vio también la ocasión de resucitar y puso fecha a sus reivindicaciones. El presidente cayó en la trampa. Prometió que el Consejo de Ministros del 29 de septiembre aprobaría el "decreto Maricarmen".

Pero la realidad, decía Marx, es testaruda. No hubo forma de encajar lo que pedían unos y lo que reclamaban otros para dar el visto bueno al manoseado decreto. Así llegamos al esperpento del pasado martes. Con Isabel Rodríguez balbuceando y sin saber responder a las preguntas más elementales sobre la norma. Y lo que es peor, con los cinco ministros de Sumar contraprogramando al propio Gobierno y haciendo su propia rueda de prensa. ¡A ver quien se apunta el tanto!

Si legislar en caliente no es recomendable, hacerlo sobre un tema tan complejo como la vivienda es un suicidio. Lo que salió del Consejo de Ministros no tiene parangón, ni precedente. Marcará un hito en el oportunismo y la ignominia. Dos decretos, dos. Uno contradictorio con el otro. Uno para intentar contentar a la derecha nacionalista; el otro, para que Sumar cogiera oxígeno y pudieran decirle a sus menguantes votantes que, al menos, servían para algo más que para ocupar un cargo.

Prisas, prisas. El Gobierno instó a la presidenta del Congreso, Francina Armengol, la ministra en la sombra, a que convocara un Pleno este viernes. En Moncloa se daba por seguro que el segundo, el que lleva la marca de Sumar, no saldría adelante; algo que ya le habían adelantado tanto el PNV como Junts. Pero confiaban en que los dos partidos dieran el sí al más posibilista. Hasta el jueves por la noche, la ministra de Vivienda, que ya tenía el sí del PNV, confiaba en que Junts pasara por…

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