En su inmensa soledad entre los países occidentales mientras la tiranía marroquí a la que sirve avanza posiciones en el tablero internacional a costa de España, Pedro Sánchez trató ayer de presentar como un plantón a Trump su inasistencia a la recepción del presidente de EE.UU. a los jefes de Estado y de Gobierno que acuden a la Asamblea General de la ONU. Otra maniobra de mecha corta para exclusivo consumo interno de quien, en la última cumbre de la OTAN, claudicó a las exigencias de Trump incrementando de forma ostensible la contribución al presupuesto de la Alianza Atlántica. Ello le valió la felicitación de un sorprendido Trump que aterrizó en Ankara largando pestes contra Sánchez y se fue enviando plácemes a quien ahora finge en contrario, ausentándose de un agasajo donde no debieron echarle en falta. Sin embargo, este gesto de cara a la galería agudizará la debilidad de España con Ceuta invadida por los 80.000 hijos de Mohamed VI, quien lacra su amistad con EE.UU. ante una cercana sucesión en el trono.
Aun así, el trampantojo ha de servirle de poco a quien, lejos de ser la némesis de Trump, es su calco en lo que hace al despotismo a la hora de gobernar y al nulo respeto a los contrapesos de un Estado de derecho. Con su mujer camino del banquillo por prevalerse de su posición para delinquir, luego de haber sido condenados su hermanísimo David Sánchez y su fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, la nueva pantomima no deja de ser otra exhibición de fuegos fatuos en una encrucijada expuesta para quien se conduce no como un presidente democrático, sino como el jefe de una banda de delincuentes. Así quien se manifiesta víctima del 'Estado profundo' para eludir sus responsabilidades ante la Justicia lo auspicia mediante una cloaca que amenaza con liquidar mafiosamente a jueces y adultera elecciones con muertos votando en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) como anticipo de lo que podría sobrevenir con la ley de nietos que ha paralizado el Tribunal Supremo con gran sofoco de La Moncloa.
En esta degradación sin freno, Sánchez sigue la falsilla que manejó para asaltar el PSOE y la Moncloa al mando de un grupo de malhechores, cuyos métodos se emparentan con los de otros países en los que los bandidos dictan las reglas de la política. Es lo que ejemplifica el acoso criminal al que han sometido a la juez Beatriz Biedma, instructora de la causa por la que fue condenado su hermano por la Audiencia de Badajoz, a la que la cloaca socialista no sólo buscó su muerte civil, sino que incluso rondó la física al recurrir a sicarios a fin de que le pegaran un buen susto, luego de un minucioso acecho a ella y a su familia.
Si en el gatuperio de las mascarillas del COVID que hoy tiene en prisión a quien fue su mano derecha en el Gobierno y el PSOE, José Luis Ábalos, la jefa de compras…


