Después de ocho años de Gobierno de la izquierda en nuestro país, la mayor parte de ellos con la extrema zurda sentada en el Consejo de Ministros, las asociaciones, partidos y colectivos más izquierdistas han acampado en Sol porque han desahuciado a una anciana y resulta que hay un problema de vivienda enorme del que, aunque llevamos años hablando de ello, hasta ahora no les había parecido lo suficientemente importante como para acampar.
Por supuesto, durante estos años la política de vivienda que se ha llevado a cabo ha sido, con pocos matices, la que estos mismos partidos, colectivos y asociaciones han ido planteando y poniendo en marcha. Sí, todavía no se ha consagrado la expropiación de todas las viviendas de España ni se ha puesto negro sobre blanco el derecho a pagar el alquiler que te salga de las gónadas, pero durante años hemos tenido en vigor el derecho a okupar sin prácticamente ningún límite, diferentes restricciones a los precios y, por supuesto, todas las dificultades imaginables a la construcción: no había operación, ensanche o nuevo barrio que no fuese una operación de especulación malísima con el ladrillo para que se forrasen unos pocos y tal y tal.
El resultado es el que vemos: la vivienda ha pasado de ser un bien caro que costaba décadas adquirir o al que había que dedicar una parte importante de la renta, a ser directamente algo fuera del alcance de la clase media. Comprarse un piso era difícil, un esfuerzo tremendo, ahora para la mayoría es imposible.
Todos los gobiernos de extrema izquierda de la historia del mundo, ya fuesen leninistas, maoístas o bolivarianos han coincidido en una cosa: cuando sus políticas radicales fracasaban estrepitosamente la culpa no era de ellos o porque estas ideas estuviesen equivocadas, sino porque no habían sido lo bastante radicales. Es algo así como que si una medicina no te cura y, en lugar de cambiar la medicina, triplicas la dosis. Lo hemos visto todos en House y, al final, siempre era que estaban dándole al enfermo la medicina incorrecta.
Así que ahora la extrema izquierda a la extrema izquierda del PSOE quiere triplicarnos la dosis de lo que nos ha traído aquí y, sobre todo, ven una oportunidad estupenda para plantear y ganar una batalla política, que es de lo que trata todo esto, no de ayudar a Maricarmen. Porque ellos pueden pedir la luna, el sol y todas las estrellas, pero los socialistas tienen que negociar todas esas peticiones con Junts o incluso el PNV. Pensemos lo que pensemos de estos partidos, a día de hoy no les veo aprobando un decreto que, por ejemplo, legalice y generalice la expropiación de las viviendas de sus burgueses votantes.
No hay, en definitiva, un punto de encuentro entre las exigencias que parece que plantean los acampados y las que pueden admitir partidos que, por mucho que vayan de modernos porque son nacionalistas, nunca han sido y probablemente nunca serán de izquierdas. Y, por supuesto, los que están…


