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Buitres solidarios en Sol, por Maite Rico

Ilustración de Alejandra Svriz.

Isabel Rodríguez ha tenido una fulgurante carrera política, inversamente proporcional a su talento. Carguito a carguito, ha ido medrando toda su vida hasta acabar, dónde mejor, en este Gobierno hipertrofiado de inútiles. Ha sido ministra de Política Territorial y portavoz, y hoy ocupa el puesto de titular de Vivienda con igual indigencia que los anteriores.

Desde su posición de poder, Rodríguez ha tenido la osadía de insultar a la pequeña empresa que compró el piso que habitaba Maricarmen Abascal. Que litigó y ganó en los tribunales y pese a ello ha tenido que readmitir bajo coacción a una inquilina que hace 20 años decidió que estaba por encima de la ley de la democracia, porque le iba mejor la ley franquista. La ministra ha dicho que esa pyme, con una sola propiedad, es «buitre y muy carroñera». La ministra es dueña de tres viviendas, dos plazas de garaje y un trastero, y en su declaración de bienes consta actividad rentista. ¿Cómo la definimos?

En la rueda de prensa de ayer, Isabel Rodríguez abusó de su poder pero fue incapaz de responder a las preguntas sobre el contenido de los dos reales decretos de vivienda que el Gobierno acababa de aprobar: «Tengo un cacao», dijo, tras dos sonrojantes minutos de balbuceos. No es de extrañar. Los textos parecen salidos de una asamblea de quinceañeros con bajas capacidades y muchas prisas, después de ocho años en los que se han registrado 272.000 desahucios, se han multiplicado las okupaciones y los alquileres se han encarecido un 45%.

Los dos decretos «de urgente necesidad» pisotean la gramática, la historia, la técnica legislativa y el sentido común. Son arbitrarios, abusivos e inconstitucionales, y dinamitan el mercado del alquiler. El peor desenlace posible del caso Maricarmen, convertido en un teatro infame para tapar, naturalmente, el desastre de Ceuta. Como Excalibur, como Juana Rivas, como todas esas manipulaciones lacrimógenas que la izquierda convierte en telenovelas para una sociedad desnortada.

Ahora el escenario de la obra se ha trasladado a la Puerta del Sol, ocupada por una amalgama de perroflautas, tontos útiles, ababoles, idealistas y caraduras. Y un «sindicato de inquilinas» capitaneado por un ramillete de pijos que aspiran a emular a los precursores de Podemos e integrarse en la «casta política». Y celebridades rentistas haciendo exhibicionismo moral, mientras sacan tajada del negocio inmobiliario. Buitres, pero solidarios.

«La ministra Isabel Rodríguez tiene un cacao con los decretos y tres viviendas, dos plazas de garaje y un trastero. ¿Cómo la definimos?»

Ana Belén se plantó ante Maricarmen, recitó a Alberti, y regresó el blanco y negro. Si las crónicas no engañan, la cantante y su marido se resarcieron de un ruinoso negocio invirtiendo en bienes inmuebles. Pedro Almodóvar y su hermano tienen un holding inmobiliario con decenas de propiedades de alta rentabilidad.

Aitana Sánchez-Gijón, que tampoco se pierde una, fue socia única de Partana S. L., hoy extinguida, que se dedicaba a las nobles «actividades de artes escénicas» pero que amplió su objeto social «a la…

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