Begoña, luz de nuestra vida, fuego de nuestra democracia. Condenamos tu suplicio de esposa de la fe, de mártir del progreso, de corderita del LinkedIn, tu destino de aciaga diosa del fundraising, que suena germanoide y lúbrico como el mismo Venusberg. Begoña, ninfa que vino de las húmedas profundidades, con dinero, crótalos y comercio como babilónicos, que ascendió desde recónditas catacumbas y primigenias academias de encuadernación en canutillo e inglés de Francis Matthews hasta llegar a la Moncloa como una Cleopatra con FP; Begoña, tú eres la virgen sacrificial, la ofrenda de carne y verbo (verbo to be) tras la gruesa cortina de la conspiración y de tu flequillo. Begoña, primera dama en los corazones, en las escalinatas, en los paraninfos; eres España sublimada, enmadrada, encoñada y colocada, eres la izquierda violentada y atacada, pura y verdadera, eres la progresista que ciertamente progresó. Begoña, esposa del mito, mito de la esposa, profesional que provoca todas las envidias y a todos los diccionarios, desde aquí condenamos la injusticia que se comete a través de ti contra Pedro. Una doble injusticia, por cierto, como doble es el católico trono progresista en el que reináis los dos, no como la derechona, en sidecar con metralleta, sino como con bicicleta tándem y canotier, contra el odio, el fango y la adultez, tú que tienes algo de Leslie Caron o Lily Collins en la Moncloa como en París.
Begoña, presidenta in péctore, empresaria ipso facto, catedrática honoris causa o modus operandi, ya va camino del banquillo como una Marianita Pineda con carpetilla, inocente y altiva, incrédula y monjil. No puede uno remediar estas loas y estos requiebros, que me salen verdaderamente del corazón, como esas cartas de amor o de duelista que le salen a Sánchez con el camisón empapado de luna llena y moco de poeta. Uno ha leído el comunicado oficial de la Moncloa y está también así, con el moco, la luna y la pluma, mojando la pluma alternativamente en el moco y en la luna, que creo que es lo que hace Sánchez (un verdadero romántico lo haría con sangre, pero Sánchez ya no tiene sangre, sólo algo entre lejía y tóner seco). La Moncloa “condena” la decisión del juez Peinado de abrirle juicio oral a la esposa de España, a la dama del jardín de rosas de Sánchez y también de su colchón con guisante y bola de discoteca. A mí me parece muy bien elegida la palabra, un término mayestático o incluso papal, como si la autoridad del sanchismo excomulgara al hereje Peinado, con su cosa de fraile impío y vengativo.
Habrá juicio a nuestra heroína de todo lo bello, lo puro, lo profesional y lo sostenéibol, y eso no se puede simplemente lamentar, hay que condenarlo o, en cuanto la democracia verdadera lo permita, castigarlo o cortarlo con tajo de hacha mayestática o vaticana. Nos asegura el comunicado que “durante toda la instrucción ha quedado clara y demostrada su inocencia”, que es lo que más miedo da. Sí,…


